Jacarandá y sus cuidados

El jacarandá es un género de plantas que pertenece a la familia de las Bignoniaceae. Son árboles que adornan las avenidas de muchas ciudades, pero esto no quita que también se puedan cultivar en macetas.

Puede alcanzar un tamaño de treinta metros, tiene una postura erguida, con un follaje rico y redondeado, tan ancho como la altura del árbol, mientras que la corteza es oscura y lisa.

Las hojas son aletadas, con un tallo central y foliolos colocados lateralmente, y de un color verde brillante. Produce flores violetas o incluso blancas de forma tubular, de unos cinco centímetros de largo, reunidas en inflorescencias parecidas a panículas. Los frutos tienen forma ovalada y contienen pequeñas semillas aladas.

Si se mantiene en casa, es muy raro que florezca el jacarandá. Sin embargo, en la naturaleza suele haber dos floraciones: una, que suele ser la más abundante, a partir de finales de la primavera y otra en otoño. Además su madera se utiliza para la construcción de pianos y guitarras. También se conoce como falso palo de rosa.

Nombre científico

Jacaranda ( Jacaranda Acutifolia )

Reproducción y condiciones ambientales de la planta

jacaranda

La reproducción tiene lugar por medio de la semilla o el corte; son plantas que crecen bastante rápido.

El jacarandá es originario de América Central y del Sur, en particular está muy extendido en Brasil, Paraguay y Argentina. Prefiere los suelos bien drenados y fértiles, por lo que le teme a los excesivamente húmedos y demasiado compactos.

Para el cultivo en maceta, es aconsejable un suelo muy fértil unido a la arena. Además, es aconsejable un recipiente de terracota en lugar de plástico, para que el suelo pueda respirar.

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Esta planta prefiere lugares soleados y bien ventilados, lo ideal sería exponerla a algunas horas de sol directo. Asimismo resiste a las bajas temperaturas, pero las plantas jóvenes deben ser protegidas de los vientos demasiado fríos y por lo tanto colocadas en las casas.

En caso de que la escarcha estropee las ramas, pueden ser fácilmente podadas para que puedan regenerarse.

Cuidados del Jacarandá

Los ejemplares adultos no necesitan ser regados, excepto en casos de larga sequía. Sin embargo, sería apropiado que el jacarandá floreciera en forma de plantas jóvenes tubulares para asegurarles un crecimiento saludable y exuberante.

En ambos casos, es aconsejable evitar regarlas durante los meses de invierno, ya que parece que los inviernos secos permiten una buena floración.

Se debe fertilizar durante el período primavera-verano cada dos semanas, añadiendo un buen fertilizante líquido al agua, mientras que durante los otros períodos se debe detener la fertilización.

Sería apropiado que el fertilizante tuviera microelementos de Fósforo, Nitrógeno, Potasio, Magnesio, Cobre, Molibdeno, Manganeso, Boro y Zinc.

El jacarandá, por lo general, no se poda a menos que se quiera contener su tamaño, siendo una planta que crece y se desarrolla rápidamente o para eliminar posibles ramificaciones dañadas.

Los jacarandá se replantan todos los años en los meses de primavera usando una maceta que es gradualmente más grande que la anterior, hasta que alcanza un diámetro de unos treinta centímetros.

Factores de riesgo

En general, los jacarandá no están amenazados por parásitos o enfermedades. No obstante, en caso de cambios considerables de temperatura, pueden ser atacados por enfermedades fúngicas.

Si esto llegara a pasar es recomendable utilizar un fungicida sistémico.

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