Abeto blanco o abeto común

El abeto blanco o Abies alba es un árbol imponente y longevo, que alcanza alturas de unos treinta o cuarenta metros y forma parte de la familia de las Pináceas. Tiene un tronco recto, cubierto por una corteza lisa y gris oscura.

Las ramas son horizontales, mientras que las hojas son persistentes y uniformes, verde oscuro brillante en la parte superior y blanco brillante en la parte inferior; también tienen extremos redondeados y no son espinosas.

El abeto blanco genera conos erguidos en las ramas que crecen sólo en la parte más alta del árbol: son cilíndricos y compactos, de unos quince centímetros de largo; al principio son de color verde claro, en otoño se vuelven de color marrón oscuro; permanecen en el árbol, a diferencia de las hojas del pino que, en cambio, se caen.

Propiedades curativas de la planta

abeto blanco

Las yemas del abeto blanco contienen aceite que las convierte en balsámicas, con propiedades antirreumáticas y diuréticas. La decocción de las yemas, además, es muy indicada en caso de problemas respiratorios.

El aceite también se utiliza para productos de baño o para usarlo durante los masajes de tonificación. Las hojas, que son ricas en vitamina A, se usaron una vez para tratar problemas oculares.

El árbol produce una madera de menor calidad que el abeto, pero muy utilizada en la carpintería y la industria del papel.

Reproducción del abeto blanco

La siembra debe hacerse en febrero o marzo al aire libre; una planta de semillero muy pequeña germina y en el primer año crece muy lentamente, pero después del décimo, el crecimiento es más rápido y cuatro años después del trasplante la planta debe ser plantada permanentemente.

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Nombre científico

Abeto blanco (Abies Alba)

Factores ambientales, cuidados y consejos

El árbol es característico de las montañas y bosques del hemisferio norte, es fácil encontrarlo incluso en los Pirineos y los Balcanes, todavía pasando por los Alpes. El suelo que prefiere debe ser profundo, fresco y bien drenado. Puede tolerar períodos de sequía, pero no tolera bien el estancamiento de agua.

El abeto blanco es una planta que tolera particularmente bien las condiciones térmicas bajas, pero requiere una exposición a la luz. Los ejemplares jóvenes son muy sensibles a los cambios de temperatura y a las heladas tardías, por lo que es aconsejable, si no se trata de un sujeto aislado, hacer plantas muy gruesas, para ser espaciadas más tarde.

Es aconsejable regar el abeto abundantemente y reservarle un alto grado de humedad. Además, todos los años es aconsejable proteger el ejemplar con un mantillo y administrar un fertilizante bien equilibrado.

Adversidad

El abeto blanco es particularmente susceptible al ataque de plagas, aunque ninguna de ellas es letal para la planta. Los insectos y las hojas redondas del abeto blanco dañan su corteza, cavan túneles y socavan la salud de la planta. Un hongo muy peligroso es el Fomes annosus que puede incluso causar el colapso de árboles muy grandes y aparentemente sanos.

Las condiciones climáticas no son meno, en períodos particularmente rígidos, se puede tener Galaverna.

Es un fenómeno particularmente sorprendente de ver, en el que la niebla se convierte en hielo en el árbol, pero termina por sobrecargar las ramas y desarraigar las plantas.

La contaminación del aire que produce la lluvia ácida también causa un daño considerable al abeto blanco.

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